lunes, 29 de septiembre de 2014

Agua, vida y justicia


Vista de la Laguna del Otún (Base de la riqueza hídrica de Pereira)

Agua, vida y justicia

Desde hace algún tiempo venimos asistiendo a una terrible realidad: el agua, que ha sido desde antaño una riqueza natural para el país y para Pereira, cuyas principales reservas son hoy la Laguna del Otún y el contexto del Parque Nacional de los Nevados, se han vuelto para algunos, nacionales y extranjeros, botín o “joya de la corona”.

Colombia se digna de ser, hoy día, considerada la vigésima cuarta (24ª) potencia hídrica1 y la sexta (6ª) potencia en volumen de agua dulce del mundo2, pero paradójicamente mueren de sed miles de animales en Casanare y La Guajira3.

Si el agua es vida, como todos lo sabemos, fundamental en nuestra alimentación, salud, aseo personal y hasta como fuente de energía ¿Por qué permitir que unos cuántos la vuelvan mercancía?

Ningún pueblo civilizado y culto del planeta pondría en riesgo su existencia, su tranquilidad, dejando que oscuros intereses volvieran un recurso tan valioso para la vida y para la equidad, como lo es el agua, un malsano negocio, una vergonzosa operación comercial.

El Río Otún, cuyo nombre se presume procede de deidades africanas4, ha sido y será fuente de vida y de energía para los habitantes de nuestra ciudad y de gran parte del territorio anexo (léase: municipios vecinos).

No es posible darnos el lujo de permitir que una Ley, una Ordenanza, un Acuerdo o cualquier otro tipo de argucia, lo entregue a manos privadas para que se transforme en dador de tristezas, de muerte. 

Vaya una invitación cordial para todos a exigir de quienes nos gobiernan protección y cuidado de tan valiosa reserva natural y de tan preciado Patrimonio Público, de los pereiranos en particular y los risaraldenses en general.


¡NO, A LA VENTA DE AGUAS Y AGUAS DE PEREIRA!

¡NO, A LA VULNERACION DE LA CUENCA DEL RIO OTUN!


___________________________
(4) La nueva historia de Pereira: Fundación (Zuluaga, 2005, pp. 31-32)





Esp. Jorge Isaac López López
@jorgeisaac342
http://plantierra.blogspot.com
(c) 2014




viernes, 29 de agosto de 2014

El avión que sonríe


El avión que sonríe  (Cuento)

Era tarde ya. Las nubes del final del día ocultaban los últimos haces de luz.  Cerca a una ventana, Juan, el niño de la casa, sentía el ruido poderoso del último pájaro mecánico. Así les decía Doña Lola, su abuelita, a los aviones.  A Juan le gustaban los aviones. Imaginaba que en uno de ellos vendría, llena de maletas y regalos, su progenitora, aquella que un día muy lejano de sí, se había ido de la casa con su nuevo amor, en busca de mejor fortuna.

Su abuela Lola, era una matrona, una señora respetada y querida por todos;  servicial y solidaria.  Cuando se enteraba de la dificultad de algún vecino, enviaba a Juan a invitar el vecino a su casa.

Un día, doña Lola le dijo a Juan: “Vaya mijo, dígale a doña Tere, que venga a desayunar”. Doña Tere, había enviudado recientemente.  Su compañero, un jubilado de una empresa muy importante de la región, la había dejado sin un centavo, sin herencia.  Pues al morir, descubrió ella, tenía esposa e hijos por otras latitudes y en su testamento solo los nombró a ellos.
Doña Lola, conocedora de la situación, sintió enojo e impotencia por la señora Tere y quiso ayudarla mientras ella, muy joven todavía, rehacía su vida. Juan, seguía pendiente de los aviones. La casa de Juan era de puro bahareque; en sus estructuras podía evidenciarse parte de la colonización antioqueña: guadua y esterilla, boñiga y unas rudimentarias formas de construir.
Una mañana, muy temprano, Juan ve con alborozo como un avión pasa muy cerca del techo de su casa y grita con ahínco: “¡Mamá, mamá…por fin vienes!”. Juan pensó que después de tanto tiempo, su madre vendría allí, en ese avión, y traería consigo muchos regalos e historias que contar. Feliz por su percepción fue y despertó a doña Lola y le susurró al oído: “abuela, hoy sí llegó mi mamá.  Complácela con un desayuno bien sabroso; que tenga calentao”.  La abuela sonrió y le siguió la corriente al niño: “Está bien mijo.  Es posible que hoy sí”.  Ella, por un momento, pensó con algo de nostalgia, que no era posible que su hija viniese en ese aparato, ya que en una carta reciente, ella le manifestaba claramente que tardaría un tiempo en regresar, puesto que su nuevo esposo había empezado a trabajar en un destacado proyecto y que se veía iba a durar.   Para calmar la euforia de Juan, a ella se le ocurrió invitar a almorzar a Tere. Y pedirle a ella el favor de hacer que el niño pensara en otras cosas distintas a los aviones.   Dicho y hecho. Juan fue a casa de Tere y le llevó el mensaje de la invitación.  Tere, triste y resignada, aceptó complacida.  Pasadas unas horas, la abuela logró que Juan olvidara su visión de la mañana y se dedicara a jugar un rato con la viuda de la cuadra.  La noche se acercaba otra vez y con ella la tristeza de Juan, que veía, a través de su ventana, cómo otro día pasaba sin el retorno de su madre. Unas cuantas lágrimas, silenciosas, brotaron de sus ojos de niño. Sabía él, que su abuela mitigaba su dolor con un trato especial y con actividades distractoras.  Pero no era Juan de esos infantes fáciles de convencer.  Juan era tozudo. Su misma abuela lo era.  Siempre decía: “Lo que uno no haga por sí mismo, nadie lo hará por uno”. Y seguía: “En la vida, mijo, hay que insistir en lo que queremos, para que se dé”.   Él insistía en que su mamá, debía llegar para agosto, pues cumplía años en ese mes. Y decidió, dejar pasar varios aviones sin emocionarse demasiado.   Agosto empezó y con él, los madrugones de Juan, la ventana, Tere y los desayunos con calentao de la abuela.

Doña Lola, había decidido un día invitar a Tere a quedarse en su casa, mientras el amor volviera a sonreirle.  A Juan no le gustó mucho al principio, pues la abuela dedicaba gran parte del tiempo para él, en atender las conversaciones con Tere, pero poco a poco se acostumbró, pues Tere era muy acomedida y laboriosa: hacía las camas, organizaba pisos y baños y jugaba con él por ratos.  La cocina, sí era zona exclusiva de la abuela; nadie más que ella podría preparar los deliciosos fríjoles con coles de Juan: robustos, de aroma inconfundible, de sabor exquisito.

Tere conoció en la casa de una amiga a un señor, dizque extranjero, le comentaba la abuela a Juan. “Y el tipo le prometió que vendría pronto por ella para llevársela a su país”.    Juan volvió a sentirse triste.  Pues ahora que estaba encariñándose con su nueva amiga, ya también se iba a ir… Y muy seguramente en avión, como su madre, ya que ese país era muy lejos. 

Agosto llegó.  Juan  ya estaba en la escuela y debía madrugar mucho más y alejarse, por supuesto, de su amiga muda: la ventana. 

Le escuchó decir un día a uno de sus profesores, que cuando los padres se tienen que ir en busca de fortuna, se demoran en regresar.  Ésta revelación, escueta y cruel, causó una explosión de sentimientos en el corazón de Juan.  Lloró todo el día, en silencio.  Y no quiso comer a pesar que la abuela había cocido para él sus sabrosos fríjoles.  La abuela ya estaba algo enferma, pues había empezado a sufrir de los riñones y aquélla dolencia se le estaba complicando.  Tere ya casi no iba a dormir a la casa; pues se la pasaba donde sus otras amigas a la espera de noticias de su enamorado lejano.  Un día cercano a diciembre, Juan se acostó muy cansado.  Se durmió enseguida y empezó a soñar.  En su sueño, Juan veía cómo los aviones expresaban sentimientos.  Vio él, en el sueño, pasar un avión sonriente sobre el techo de su casa y de una de sus ventanillas, la mano agitada de su madre.  Juan se llenó de dicha y sintió una emoción indescriptible.  ¡Por fin se había dado, su madre había vuelto! El sueño se prolongó mucho.  En la mañana, al despertar, se dio cuenta que la casa estaba llena de vecinos, que sus tíos lloraban y temblaban mientras consumían café;  el tinto mañanero de la abuela.

Juan sintió curiosidad por aquella escena y quiso ir al cuarto de su abuela, pero una tía suya lo atajó en el camino y le dijo: “Tienes que ser fuerte Juancito, ella te quiso mucho y desde el cielo te va a cuidar y a guiar”.  A Juan le pareció todo un sueño.  Salió a la calle y entendió que estaba despierto.  Los carros pasaban, las personas iban y venían.  Los aviones volaban por las nubes.  Regresó a casa inundado por dentro.  Sus lágrimas se agolparon en sus ojos y su llanto no salía de su pecho.  Al observar el panorama encontró a Tere y su nuevo amor, juntos y llorando.  En su recorrido ¡Oh, sorpresa! Vio la figura especial y soñada de su madre;  vestida de negro y con sus ojos rojos y ojerosos de tanto llorar.  No podía creerlo.  Su mamá había vuelto después de tanta espera y de tantos aviones observados y él no la había visto llegar. ¡Era inaudito! A Juan le pareció que el mundo se acababa para él.  Había regresado su madre, sí, pero muy cambiada, fría y triste...Y se había ido su abuela; su cuidadora, su amiga, su confidente. Ya los aviones no importaban. Ahora, Juan, sólo quería volver a soñar.





Esp. Jorge Isaac López López
jorgeisaac342@yahoo.es
http://plantierra.blogspot.com
@jorgeisaac342
© 2014

domingo, 13 de abril de 2014

PAZ

La PAZ es un imperativo en Colombia.
(En la imagen: Lanzamiento de Campaña ¡Clara López, Presidenta! en la ciudad de Pereira, Hotel Movich, viernes 11 de abril de 2014)


Paz
I
Paz dulce y sincera, paz anhelada
pero no la de los rifles, pistolas y escopetas,
sino la de jardines cargados de colores
II
Paz dulce y sincera, paz precisa
pero no la de las balas y gases lacrimógenos
sino la de las aulas críticas y amplias bibliotecas
III
Paz dulce y sincera, paz duradera
pero no la del ataque y las motosierras ensangrentadas
sino la de parcelas gigantes y bonanzas prodigiosas
IV
Paz dulce y sincera, paz elocuente
Pero no la del discurso cargado de falacias y odios viscerales
Sino la del trabajo digno y bien remunerado
V
Paz dulce y sincera, paz firme
pero no la del ataque y el fin de algún partido
sino la del debate serio y muy propositivo
VI
Paz dulce y sincera, paz bonita
pero no la de camiones repletos de reclutas
sino la de nuestros niños jugando y aprendiendo
VII
Paz dulce y sincera, paz segura
pero no la de los ejércitos apuntando hacia su pueblo
sino la de gente noble, ayudando al desarrollo
VIII
Paz dulce y sincera, paz alegre
pero no la de nuestras féminas llorando a sus descendientes
sino la de nuestros abuelos rebosantes de emoción

IX
Paz dulce y sincera, paz ejemplar
pero no la del desperdicio o hurto de riquezas
sino la de Soberanía y transparencia administrativa
X
Paz dulce y sincera, paz sana
pero no la de la muerte en clínicas y hospitales
sino la de la salud… ¡universal y accesible!
XI
Paz dulce y sincera, paz amiga
pero no la de las casas a orillas de las quebradas o en arenas movedizas
sino la de los techos amplios y confortables, propios y seguros
XII
Paz dulce y sincera, paz tranquila
pero no la de las leyes discriminando a algunos grupos
sino la de los acuerdos por la dignidad de todos

XIII
Paz dulce y sincera, paz posible
pero no solo la de firmas, en actas y documentos
sino la de la justicia con equidad y respeto

XIV
Paz dulce y sincera, paz futura
pero no la de organizaciones deteriorando nuestro ambiente
sino la del cuidado y preservación de bosques,
valles, quebradas, cordilleras y nevados
 fauna y flora en todos lados

XV
Paz dulce y sincera, paz real
pero no solo la de Colombia
                                                    sino la del mundo entero.



Poema (1) Ganador del SEGUNDO PUESTO
Concurso Departamental de Poesía SER 46 Años
Sindicato de Educadores del Risaralda
Octubre 17 de 2013
Pereira, Risaralda, Colombia


Esp. Jorge Isaac López López
jorgeisaac342@yahoo.es
@jorgeisaac342
http://plantierra.blogspot.com

(c) 2014

Algunos estadounidenses son estúpidos...